Miércoles, 28 Marzo 2018 16:55

DOMINGO DE PASCUA

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¡PROCLAMAMOS TU RESURRECCIÓN!

La muerte de Jesús fue real, dramática y cruel, pero no todo acabó en el madero de la cruz. ¡El Crucificado es Resucitado! La fe cristiana va más allá de la muerte. ¡La Vida venció! Nos dirá san Pablo: “si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana también es nuestra fe” (1Co 15,14). Nos lo enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: “La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradición, establecida en los documentos del Nuevo Testamento, predicada como esencial del Misterio Pascual al mismo tiempo que la Cruz” (CIC 638). Por eso, en cada eucaristía, aclamamos: “¡Anunciamos tu muerte y proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús!”.

Sí, aquel Domingo de Pascua, resucitó el Señor y nosotros con él. El sepulcro estaba vacío. Las mujeres lo anunciaron. Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, lo había resucitado y vive para siempre. Esta es la Buena Noticia de Dios para todos los hombres, la mejor noticia para la humanidad que anhela siempre eternidad. Porque “si con él vivimos, reinaremos con él” (2 Tm 2,11), nos asegura el apóstol Pablo. Por eso, vivir el Domingo (Dies Domini) y celebrar la eucaristía es hacernos partícipes de su pasión, comulgar y beber su cáliz, para ser un día herederos de su victoria sobre la muerte. Quien celebra la eucaristía se alimenta con el Pan de la vida eterna y vive para siempre.

Cada domingo, en la eucaristía, reconocemos la Presencia real de Cristo Jesús. Sigue vivo y continúa entregando su vida en cada eucaristía. Es promesa del Señor: “Cuando dos o más se reúnen en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). Ciertamente, cuando en comunidad escuchamos la Palabra de Dios, sentimos su presencia amorosa y luminosa. Como a los discípulos de Emaús, su Palabra enardece nuestros corazones. Sin embargo, en la eucaristía, la presencia de Jesús es singular, sacramental, salvadora. Es una presencia siempre nueva, real y misteriosa. Si bien es cierto que a Jesucristo podemos encontrarlo de muchas formas y maneras, la Iglesia nos enseña que, en la eucaristía, Cristo se hace presente de forma real como alimento de vida eterna hasta que vuelva al fin de los tiempos. Mientras tanto, en la eucaristía nos encontramos de forma sacramental con el Señor Resucitado, el Dios vivo y verdadero.

“¡Este es el misterio de nuestra fe: anunciamos tu muerte y proclamamos tu resurrección!”. Es el kerigma, la Buena Noticia de la Pascua. Creemos, celebramos y seguimos a Jesucristo, el Crucificado Resucitado. Este es el Evangelio que debemos creer, celebrar y anunciar los cristianos de ayer, de hoy y de siempre. Misterio que se actualiza y renueva en cada eucaristía. Misterio que celebramos y compartimos como Pueblo de Dios en la eucaristía. Misterio que no se puede vivir ni anunciar sin alimentarnos del Pan de Vida en la eucaristía. Porque la eucaristía es el Misterio y el Sacramento de nuestra fe pascual.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

Pbro. Dr. Jaume Benaloy Marco,
Coordinador de Formación Religiosa y Moral
ULADECH Católica

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