“¿Quieres que vayamos a arrancarla?” Él les dijo: “No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquen también al trigo”
La reflexión de este evangelio muestra claramente tres parábolas como formas pedagógicas para explicar el “El Reinado de Dios” o intentar hacer una aproximación del mismo. Para seguir nuestra reflexión, empecemos definiendo qué son las parábolas de las cuales Jesús alude en este evangelio. Las parábolas de Jesús son narraciones concisas sobre oficios de la vida cotidiana (como la agricultura, el comercio o la familia) para describir misterios espirituales profundos, cuyo objetivo fundamental es revelar cómo actúa y cuáles son los valores del Reinado de Dios.
“El Reino de los cielos se parece […]”. La parábola del trigo y la cizaña, resume “la buena semilla” (trigo) como representación a los hijos del Reino de Dios. La cizaña representa a las personas no beatas con malas intenciones, sembradas por “los partidarios del maligno”. Esta parábola, resalta la coexistencia entre el bien y el mal. Por eso, Jesús solicita “no arrancar a los malos de forma violenta, porque se perjudicaría también al trigo”. La tentativa es querer fulminar, apresuradamente, todo lo que estimamos como negativo, empero, Jesús expone paciencia y sensatez. Dios no reacciona con inmediatez, sino con misericordia y clemencia, porque tiene como propósito la conversión (metanoia) de sus hijos. Puede iluminar algunos ejemplos, como una escena cuando Don Quijote articula estas palabras a Sancho Panza a vísperas de la asunción del mando de su ínsula: “Si acaso doblares la vara de la justicia, […] sea con el peso de la misericordia”. Asimismo, puede culturizar un texto sobre la “debilidad de Dios” de la autoría de Tertuliano, teólogo de la mitad del s. II en adelante: “Dios trató al hombre de igual a igual, para que el hombre pueda tratar con Dios de igual a igual. Dios se ha hecho pequeño a fin de que el hombre llegue a ser grande”.
“El Reino de los cielos se parece […]”. La parábola del grano de mostaza, una minúscula semilla que manifiesta una primigenia acción modesta y casi imperceptible del Reino de Dios, convirtiéndose en un gran árbol frondoso que supera todas las probabilidades y tiene como representación, a todas las personas del mundo que encuentran cobijo, paz y salvación en el Reino. San Agustín refiere que “Dios privilegia a los pequeños y sencillos. Así como el grano de mostaza es la semilla más diminuta, cuanto más se ennoblece el corazón del hombre por la humildad, más se eleva hacia la perfección divina”.
En relación a la parábola de la levadura, expuesta como una proporción insignificante, pero que muestra la firmeza oculta y silenciosa del evangelio, impregnando la naturaleza humana hasta transmutarlo y restaurarlo por completo. San Josemaría de Escrivá nos trasmite que “el Señor sitúa a cada creyente en medio de una sociedad ordinaria para ser levadura que contagia los valores del Evangelio, sin necesidad de ruidos ni privilegios”. ¿Te atreves a cultivar los valores de la paciencia, la humildad y la interioridad para edificar el Reino de Dios desde el lugar donde te encuentres?
Edwin Jara Aquino
Coordinación de Teología y Pastoral




